Últimos recuerdos de Henry Corbin, noviembre de 1988
Para quitarme el hastío
que me provoca la actitud del “staff” que trabaja en el centro de estudios
ismaéliennes y consolidarme en mi decisión de tomar mis distancias con este
bonito mundo del dinero, intento recorda el año 1978, año en que regresamos de
Teherán, un 11 de enero después de realizar un vuelo muy agradable.
La preparación del próximo coloquio en la
Universidad.San.Juan de Jerusalem (USJJ), la reactivación por Constantin Tacou
del proyecto de un Cahier de l’Herne
consagrado a Henry, la nueva edición de Corps
Spirituel… con su importante: Preludio a una carta Imaginativa, le ocupan
los primeros meses; pero los cursos a menudo se cancelan a causa de un
cansancio latente que nos preocupa a veces.
Hubo una noche muy bonita, aquella del 8 de abril, ofrecida
por Karim Agha Khan en su gran mansión
de calle de los Ursins : residencia medieval, restaurada por
Pouillon, bonito patio. Al entrar en el comedor, una extensa área longitudinal
con grandes ventanales que dan sobre el río Sena. Fui llamada la atención por
el contraste de las viejas piedras ocrées y el blanco-marfil de las flores,
cuyos pétalos pulposos se recortaban sobre la piedra áspera. La belleza de este
contraste fue acentuada por la luz que daban los candelabros.
En casa de Andrée e Yves Jaigu estuvieron también en el
encuentro con el equipo de France-Culture :
Nemo, Cazenave; y la oferta de Christian Jambet de transcribir la entrevista
« Henry Corbin - Philippe Nemo », entrevista realizada por motivo de
la muerte de Heidegger.
Del 26 de abril al 5 de mayo, estuvimos en estancia a
Nyons ; este lugar nos encantaba porque teníamos la impresión de
encontrarnos a veces en Irán. Por dos ocasiones, en el jardín de Santo Eutrope,
vivimos un sueño floral entre los árboles de judeas floridos, de las lilas y
los iris. Todos los matices del púrpura se mezclan con el resplandor de las retamas y con el
blanco de los espinos. Los encajes de Montmirail, el soplo del viento ejercen
sobre nosotros el mismo atractivo. En un día soleado, el día de la Ascensión,
nos aventuramos hacia las montañas por la carretera de los invernaderos.
Atraídos por el lugar de Rémusat, tomamos un café sobre la plaza grande
charlando con los jugadores de bolos. Bajo su consejo, proseguimos nuestra
exploración por el estrecho valle del río de Oule hasta el Motte Chalançon.
Cuestas áridas, tierra ocre, estriada de verdor. Masa imponente del Paso de la
Escalera ante la cual Henry menciona la Escalera de Jacob y esta evocación bíblica
acentúa el tamaño del lugar. Ya entrada la noche, comenzamos el regreso con un
inmenso pesar pero llenos de la visión
de nuestras montañas que nos bañan con una luz estival. Algunos momentos tienen
una densidad tal, que muchos años después, nos aparecen como portadores de un
mensaje, de un símbolo.
El coloquio en la USJJ, fue quizá de la misma manera, un
verdadero éxito. Bonita conferencia, en la cual Henry comienza por la visión
del criado de Elisée: caballería y los tanques de fuego y que se terminan con
estas palabras: “saber lo que sé es, que sé es, conocer el universo superior de
dónde se viene, dónde de hallan nuestros orígenes, significa estar ya salvado”
y es eso la gnosis… Haz venir a un jugador de arpa,
dice el profeta. Y mientras que el harpiste tocaba, ahí tienes que la mano del
Eterno se puso sobre Elisée” (II Reyes, 3/15).
(Cómo no comparar esta frase con aquella pronunciada por Henry en un día
pasado: “Si tú sabes como eso canta, eso mismo canta en mi cabeza “?). Entusiasmo de Yves Jaigu; primera conferencia de C.
Jambet después de la cual Henry dirá a Gilbert Durand, que me lo recordó uno de
estos días: ¿“Sería aquel un heredero espiritual? ”
Es antes del verano que Henry me cuenta dos sueños de los
que había guardado una impresión de paz, de alegría. En un inmenso lugar se desarrolla una fiesta en
honor a él. ¿Por qué para él? se pregunta,
asombrado pero al mismo tiempo contento. El encuentra a muchos amigos de antaño
y a otros menos viejos, otros muertos ya desde hace tiempo y a otros que se
encuentran aún sobre esta tierra. Reencuentros sorprendentes, inesperados. El
otro sueño: se celebran una bonita liturgia, música, recogimiento. Cuando Henry
quiere irse, alguien lo retiene pero él responde: déjeme regresar para avisar a
Stella que aquí se halla la verdadera Iglesia.
El cansancio aumenta; Henry se obliga con hastío a las
defensas de tesis; él manifiesta una determinada febrilidad para reunir el
expediente completo para el Cahier
de l’Herne antes de salir a vacaciones: elección de las cartas, los
inéditos, redacción de posdatas.
Es sin embargo, a principios de julio, que hacemos un viaje
hacia Edimburgo, ya que Henry, decepcionado por su experiencia parisiense desea
entrevistarse con “los escoceses”. Bonita recepción que removió en él fibras
secretas, lo trastornó: “gran órgano, coro con más de 200 hombres. Encuentro el
tiempo en Alemania como hace 40 años” (véase la agenda de 1978). Suntuosa cena.
La tarde se termina en el castillo de Lord Eglin-Bruce (el hombre del Partenón).
Llegamos a esta espléndida propiedad después de una caminata a través de la
campaña aún iluminada por un sol estival que, como nosotros, no se cansaba de
contemplar la tierra o al ángel de la tierra.
En la visita de Dory Nayrieri, acompañada de sus encantadoras
hijas, yo fui repentinamente afectada por el tono tranquilo y seguro con el
cual Henry rechazaba su invitación para septiembre a la Embajada de El Cairo: ¡“Yo sé que no iré a Egipto! …”. Pocos días después, a la
vuelta de un paseo en el bosque de Montmorency, mientras que bordeábamos el
recinto del viejo cementerio, Henry me expresa su deseo de tomar por fin “su
tiempo” de escribir más libremente, de hacer más música y de no rodearse más
que de pocos, pero verdaderos amigos.
Un médico le aconseja descanso
total durante las vacaciones en el Jura, le prescribe medicamentos para la
circulación y nos dá cita en septiembre si no hay una mejora sensible. Agobiado
por todos estos medicamentos, Henry sueña con el olor de los abetos; después de
muchas vacilaciones tomamos pues la carretera, el 10 de agosto alrededor de las
11de la mañana.
Desde este momento se instala en mi la inquietud, y en Henry
un blando ruego. A pesar del descanso en el jardín, su estado se mejora apenas.
Renunciamos a proseguir el viaje hacia Ascona, consultamos a un médico in situ,
llamamos por teléfono al de París.
En una espléndida noche de luna llena, nos sentamos ambos
sobre un banco del jardín ; él me dice con una voz grave y a la vez muy
suave: “ yo sé que me ha alcanzado…. - no debería decírtelo-, pero tú méritas
saberlo”.
La noche merodea en torno a nosotros, mientras que el cielo
luminoso encierra nuestro amor. Médicos, teléfonazos a los amigos de Ascona,
preparación del regreso, rodeados por la amabilidad de los Mollard; nos vamos
el 29 y hacemos sin escala el trayecto Champagnole - París.
El médico pide una muestra para un análisis de sangre; pero
al día siguiente en el momento de la cena, Henry constata que “ ya no siente su
pierna derecha”. Llamo de nuevo al médico: trombosis femoral - llame al
SAMU-Servicio de urgencia. Mientras que la ambulancia se dirige hacia Cochin,
Henry me pide avisar a Richard Stauffer y a Pedro Bordessoule. Dolorosa espera
del servicio de urgencias, luego transferencia al hospital Pitié-Salpétrière donde la operación tiene
lugar alrededor de las 2 de la mañana a pesar de la comprobación hecha del
estado lamentable de los pulmones, lo que causa en Henry, a quien no se le
escapa nada, esta pregunta al cirujano: “ A pesar de todo intenta Usted la operación?”
Espera solitaria en el largo pasillo del hospital y hacia
las 4, percibo por fin una camilla sobre la cual adivino a Henry, más que verle.
Entonces se instala para el operado un período de espera,
causa de una determinada nerviosidad que reduce a menudo la alegría de
encontrar el uso de su pierna. La esperanza le vuelve de nuevo, entonces él me
dice: ¿“Sabes por qué te había pedido avisar a Richard
Stauffer? Quería pedirle pronunciar algunas palabras breves, vivas e indicarle
los 3 pedazos de música que desearé en mi servicio fúnebre: Haendel, el Mesías,
el 1er coro triunfal de la primera. parte: And the glory of the Lord
shall be revealed and all flesh shall see it together, for the mouth of the
Lord hath spoken it , Es. 40 5/6, luego “veré a Dios” y Parsifal el
encantamiento del Viernes Santo o el coro de la Santa Cena; y para terminar
para la salida, un Bach”.
Se
instala a un tercer enfermo, en estado de agonía, en el cuartito…, la atmósfera
se vuelve intolerable. Yo me pregunto que hacer para obtener la transferencia
de Henry al servicio sea de neumatología o al hospital universitario. Por fin
el 13, a Henry le instalan en el 1er. piso del pabellón de
neumatología, en una gran habitación con vista sobre un jardín interior. Sólo,
en una habitación bien ventilada, rodeado por todos, Henry se relaja. Su ánimo
está siempre presente, su curiosidad siempre alerta, asombran a cada uno y me
hacen enrojecer de mi abatimiento, así cuando avanzábamos en el túnel
subterráneo que conectaba los antiguos edificios al pabellón de neumatología,
Henry, aunque recostado en su camilla y cubierto bajo una manta, me señala los
rastros de salitre y de vejez de este pasadizo.
Examinando
los resultados de los exámenes médicos, de los escáner etc… Henry, entusiasmado
por los avances técnicos, interroga al Doctor Gonnot: ¿“No
creen que habríamos comprendido mejor el misterio de la humanidad, si solamente
nos hubiéramos interesado con más atención a explorar a los pensadores de la
China o de Persia?
Doctor
Gonnot: Créame, un médico que reuniría en él estas dos direcciones de la
ciencia, se volvería loco.
Otra vez
Henry: « no volveré a ver el país de Irán donde la potencia de Ahriman
estos días se desencadenan… La potencia del mal sobrepasa todo lo que podemos
imaginar……. »
…
« pero el templo esotérico interior de Israel se
junta al templo de Buda »
…
« 4 hombres de las Pompas fúnebres han venido a verme esta mañana. Querían
imponerme la marcha fúnebre de Chopin cuando se realice el desfile de mi
entierro. Les he dicho que llegado el momento, seré yo quien indique la música
que yo deseare… que por otra parte todo esto ya te lo había indicado »
Después….. la bendición de Richard Stauffer y la
lectura del Salmo 27… “Este salmo es espléndido. Todo esta listo”.
… Una mañana
encuentro a Henry ya instalado en su sillón, como impaciente de verme llegar e
inmediatamente me platica sobre el tema del libro de Moody: «La vida después de
la vida », me dice « yo ha vivido esta noche una experiencia similar.
La muerte no es más que un paso. ¿ Esta noche he tenido la impresión que me
hubiera bastado un momento - cómo decirte? - que habría bastado que hiciese un
gesto, como por ejemplo, apoyar una toma eléctrica, para provocar que se
accione el gatillo y cruzar el límite extremo. Pasar del otro lado - Yo sé
ahora que iré allí - todo está listo para acogerme. Ellos me esperan »
S: ¿-Has
visto a tu ángel de la guardia?
H: Eso
habría significado que habría cruzado el límite máximo… ¿Por qué no lo he
cruzado en ese momento?
S:
¿Quizá porque tenías aún algún mensaje que transmitirme?
Una
sonrisa que viene de muy lejos ilumina la cara de Henry.
Luego
más tarde: “Es una muerte quizá lenta la que debo vivir. ¿Me habría inclinado
demasiado sobre este problema y debería vivir todas las etapas?
Una
mañana muy temprano, hacia las 5 horas, mientras que iba a entrar algunos
instantes a la habitación, arrodillada cerca de la cama, sobre mi cabello su
mano tan ligera, como una última bendición.
El 26,
el médico autoriza la vuelta a la calle Odéon. Henry lleno de alegría duerme
apenas, proyecta terminar sus trabajos, luego pregunta un poco impaciente al
médico :
H.:
¿Pero piensa qué yo podría terminar este libro?
El Dr.
Gonnot: ¡Oh! Yo le conozco. Aunque usted tuviese aún 100 años de vida, usted me
pondría la misma pregunta, Usted tendría otro libro urgente que terminar, y
después otro y otro más.
H.: ¡“Quizá! es que gracias a mis
libros yo lucho contra la misma cosa que ustedes. Cada uno a nuestra manera.
Usted como médico, yo como historiador de religiones, juntos estamos en la
misma lucha, luchamos contra la muerte.”
Transitorio
bienestar en casa, visitas, flores en cantidad . Le
propongo escuchar música: “Inútil, dice, si supieras como eso canta, eso mismo
canta en mi cabeza”.
La noche
del viernes 6, terrible sufrimiento, médico, morfina, - vuelta al hospital -
mientras que los ambulancieros van installar Henry en la ambulancia, éste
percibe Cioran en la acera, lo reconoce, él le sonríe. Nos sentimos muy
estúpidos de estupor y de dolor. En la ambulancia, Henry me dice: « Tengo
la impresión certera que es un ciclo de nuestra vida que se acaba… »
Más
tarde, en el hospital: ¡Si supieras con qué alegría dejaré la servidumbre de
este mundo! Swedenborg ha escrito que en el momento de l’exitus, dos ángeles acompañantes se posan en la cabecera de la
cama, uno de cada lado, visibles a los ojos de fuego, invisibles a los ojos de
la carne. Cuando tu oirás la llamada de la guardia vigilante, alégrate de aquel que abre a los suyos su
casa. Ya que entonces, el fin está cerca.
El 7 a
las 4 de la mañana. …
« Haz
venir a un jugador de arpa… » (II Reyes 3/15)