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1928-29
El
primer encuentro tuvo lugar entre 1928-29 cuando José
Baruzi, asiduo de las recepciones de Arthur Fontaine invita a
Henry para escuchar una conferencia del viaje en Persa de Malraux
1935
En el momento de la publicación sobre ¿Qué es la metafísica? (trad. Heidegger), Henry encuentra
a Malraux en los locales de las ediciones
Gallimard. (véase expediente
Gallimard, las 3 cartas de Malraux)
1936
A nuestro retorno
de Alemania, una bonita noche de julio, nosotros paséabamos por el bulevar St
Germain y pasamos
delante la terraza de
Cluny. Repentinamente Henry se detiene
diciéndome: “Mira, aquí está Malraux”. Percibo a un
hombre en chaqueta clara,
de cara resuelta que se levanta para recibirnos. El anuncia a Henry su resolución de partir inminente hacia España. Obviamente,
Malraux instalado al exterior,
esperaba a la persona con quien
se debía ir.
1953
Recibimos, en abril el
libro “Las Voces del Silencio”, con una dedicatoria. El envío de este libro fue un poco
después de la llegada de los Malraux a Teherán el 19 de mayo. Para darle la buena llegada, Coulet ofrece una cena
en la Embajada - pero el avión sólo
llega alrededor de la medianoche, todos estamos un poco cansados, excepto Malraux y Henry cuya complicidad cultural pulveriza hasta cierto punto las convenciones diplomáticas.
Después de la visita al Instituto francés, en el momento de dejar la biblioteca del Departamento de Iranologie André Malraux estrecha
la mano de los colaboradores de Henry y lanza una frase: “Francia está orgullosa de ustedes”. Henry lo acompaña hasta
la puerta, Malraux, le sonrie
burlonamente con una pizcade humor en la voz y murmura en la oreja de
Henry: “Ve Usted Corbin……. todo
lo que debo hacer.”
El humor de Malraux consiste en una especie de arte de guardar una determinada distancia. No
se sabe nunca si la satisfacción de la acción realizada no es reducida bruscamente por el juicio escéptico
que surge de su intelecto
razonado.
Esta característica
nos afecta de nuevo el día en que a petición suya, Malraux viene a vernos con Madeleine,
al finalizar una tarde,
para hablar con Henry sobre Alamut,
de los Ismaéliens sobre quienes
desea escribir un libro, como había soñado
hace algunos años antes que la acción de una de sus novelas se desarrollara a Ispahan: “una de
las tres más bonitas ciudades del mundo” (revelación
de Clara Malraux en una cena en casa de Iran Teymourtache).
En 1944, en Estambul, yo había regalado a Henry, en parte debido al título, un bonito ejemplare de “La lucha para el
Ángel”. Muestro a Malraux
su libro impreso en Suiza
durante la guerra preguntándole si tendría la cortesía de dedicárnoslo. Sin vacilación, con amabilidad y como feliz de palpar este raro ejemplar numerado, traza algunas líneas para Henry “su complicidad
ismaélienne” luego muy rápidamente su cara se ilumina con una sombra de malicia, de escepticismo cuando destaca irónico, el valor
que su rúbrica aporta al
libro.
24 al 27 de noviembre de 1958
Corto viaje oficial
de los Malraux con el fin
de explicar el nuevo desarrollo de los acontecimientos en Francia.
Lo hace en una conferencia brillantísima en la Universidad.
Una cena en la embajada nos permite entrevistarnos con ellos.
1964
El fin de semana del
12 de septiembre de 1964, en casa de Philippe y
Pauline de Rothschild, es nuestra estancia más larga al lado de los Malraux.
A nuestro regreso
de Ascona , nos preparábamos para nuestra próxima salida hacia Teherán cuando Pauline de
Rothschild nos llama por teléfono para invitarnos a pasar aquel fin de semana con los Malraux en Pouillac. Sorpresa, agitación y he aquí, el sábado
a 18 horas, nosotros
sobre volando el Anjou bañados de luz. El cansancio de los preparativos se esfuma, lo intempestivo
de este encuentro excita nuestra
imaginación.
Al aterrizaje de la carabela, en la parte baja de
la escalera se hallan nuestros
coches. Un secretario se apodera
de nuestros billetes y
sin esperar el equipaje dirige a los Malraux hacia un coche, y a nosotros hacia otro. Recorremos
distancias a través de los
viñedos y de bosques de pino. Un enorme sol que se apaga parece abrazar al cielo, parece como si jugase a las escondidas con los grandes pinos oscuros. Luego se divisa una majestuosa avenida confinada de un césped florido muy oloroso.
Al borde de una cerca los coches se detienen. Los perros se acercan rapidamente, y Malraux dice un
poco asombrado: “Estamos siendo acogidos por los perros”.
Pero inmediatamente aparecen en torno a nosotros para atendernos
camareros y criadas. Percibimos
a lo lejos un pequeño pabellón Napoleón III muy iluminado, dónde se encuentran los Rothschild con
Guy Dumur sobre la escalinata,
los mismos que nos brindan la acogida. El salón adornado
con dalias está enteramente decorado en estilo Napoleón III, como todo lo
que se halla en este pabellón.
Hace mucho calor, la champaña va y viene; Malraux analiza un grabado luego se vuelve hacia donde se encuentra Henry y
entabla la conversación sobre el
libro de Jung. La respuesta
a Job que acaba de leer y
dice: “El redescubrimiento de los símbolos será la gran conquista de la primera mitad de este siglo.”
Alrededor de las veinte horas treinta, Pauline nos propone dejar el pabellón Napoleón
III para tomar posesión
de nuestros apartamentos.
En la penumbra cruzamos el césped y percibimos
a través de un cercado de
plantas un edificio todo
en longitud. Es la antigua
granja aumentada. Una amplia escalera nos conduce al primer piso. A la izquierda una extensa biblioteca, bonita habitación con bóvedas aparentes donde se nos servirá la cena. Frente a la escalera a todo el largo salón se hallan numerosas ventanas que dan
sobre el viñedo. Visión extraordinaria. El viñedo como
un mar encrespado se extiende hasta la línea del horizonte
donde se encuentra el campanario del pueblo, algunos
árboles, más al fondo las colinas. Seguimos a la derecha hacia un pasillo sobre el cual dan los
apartamentos de los
Rothschild antes de cruzar algunas
escaleras. Otro cuerpo de
edificio está reservado para los huéspedes. Es extenso, ventilado,
de gran lujo hasta en el mínimo
detalle. Nuestras ventanas dan sobre la parte del
jardín que acabamos de cruzar. Bonita noche caliente, en donde titilan las estrellas. En la cena es sobre todo a Malraux que le escuchamos
incansablemente: Eléonore de Aquitania,
uno de amores que comparte con Henry, los símbolos, Chagall cuyo límite máximo de la ópera sera mostrado al público este miércoles.
El domingo
por la mañana alrededor de las
11 h 1/2 nos reunimos para la visita de las bodegas del vino.
Madeleine y André Malraux, Philippe y los “2 padres alquimistas”
responsables desde hace
varias generaciones de los
viñedos y vinos. Desde la entrada se vislumbra una extensa sala donde los barriles se alinean en hileras regulares, de cada lado de una avenida
central. Se tiene la impresión
como si se entrara en una iglesia ya
que en el fondo de la
sala se encuentra una alta mesa coronada con escudos
de armas. Bajo el umbral, Malraux pronuncia una de sus frases sibilinas que
nos deja un momento estupefactos: “ Me parece que el barril es entre los otros sólidos
como los hongos entre los vegetales”.
Silencio.
¿“Qué
quiere decir exactamente”? se atreve a cuestionar Philippe.
Después de la visita de las bodegas cuyas telas de arañas parecen tan dignas como las botellas de 1870 , nos
encontramos con una luz deslumbrante.
El almuerzo
es servido a la extremidad
del gran salón, pero antes Malraux y
Henry tienen una conversación aparte para preveer el futuro
del Departamento de Iranologie en Teherán y los proyectos del Rey de Marruecos que desearía crear una Facultad de teología libre y que quisiera
que Henry regrese. La conversación
continúa durante el almuerzo y Madeleine menciona a este escritor marroquí diciéndole: “los dos mayores escritores franceses son para
mi Malraux y Corbin”.
Inmediatamente después del almuerzo Philippe, sin darnos respiro, nos lleva para la visita de su museo.
Guy Dumur y Pauline que habían
podido descansar la mañana, vienen con nosotros. En principio, la
visita del museo debía durar una
hora, gracias a Malraux se prolonga
hasta 5h ½ ya que
improvisa una conferencia
sobre cada cuadro. El encargado del museo toma notas apresuradamente.
Henry y Philippe cansados se sientan
por un momento en retirada. Madeleine abrumada
retira sus sandalias, ejemplo
inmediatamente seguido por Philippe y mi persona. Pauline encantada
no se separa de Malraux, lo
provoca, estimula el entusiasmo
del conservador. Pero se suprime el té que debía servirse en el apartamento de Pauline y nos encontramos
para beber la champaña en
el salón, antes de que los Rothschild y los Malraux vayan a recibir en la biblioteca a los hombres de la
hacienda y del pueblo. Y
Malraux nos pregunta después
la razón del porqué este hombre me ha respondido
de esta manera cuando lo pregunté
sobre sus preocupaciones: ¡oh! yo
cuando tengo problemas los confío a Dios. ¿Dudaba de mi buena voluntad o del poder en general?
Ya bien entrada
la noche se nos sirve la cena de nuevo en el pabellón Napoleón
III. Un excelente vino Burdeos 1870 ayuda ; la conversación es general, a veces en tono burlesco como cuando Malraux y Henry compiten para encontrar una fórmula que podría sugerir a un hombre inoportuno, pesado, bajo una apariencia
de una gran cortesía , para indicarle que
su salida sería deseable, a veces más personal.
Malraux: « Se cansará un día Corbin de escribir sobre otros. Escribirá sobre sí mismo. Sería el libro del siglo ».
Pauline: Oh, me encantaría que aquel libro se escribiese aquí.
Corbin: ¿No se escribe siempre sobre sí mismo?
Y cuando Pauline pregunta a
Malraux si él descansa a veces, éste le responder volviéndose hacia Madeleine “solamente cuando puedo escuchar su piano”.
La cena se termina muy entrada la noche en un ambiente de compañerismo eufórico lo que hace decir
a Malraux en el momento
en que cada uno se dirige
hacia sus apartamentos: “Verá, Corbin, la próxima vez que nos encontraremos será en la cumbre de la Torre Eiffel.”
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