Últimos recuerdos de Henry Corbin, noviembre de 1978

Últimos recuerdos de Henry Corbin, noviembre de 1978

 

Para quitarme el hastío que me provoca la actitud del “staff” que trabaja en el centro de estudios ismaéliennes y consolidarme en mi decisión de tomar mis distancias con este bonito mundo del dinero, intento recorda el año 1978, año en que regresamos de Teherán, un 11 de enero después de realizar un vuelo muy agradable.

La preparación del próximo coloquio en la Universidad.San.Juan de Jerusalem (USJJ), la reactivación por Constantin Tacou del proyecto de un Cahier de l’Herne consagrado a Henry, la nueva edición de Corps Spirituel… con su importante: Preludio a una carta Imaginativa, le ocupan los primeros meses; pero los cursos a menudo se cancelan a causa de un cansancio latente que nos preocupa a veces.

Hubo una noche muy bonita, aquella del 8 de abril, ofrecida por Karim Agha Khan en su gran mansión  de calle de los Ursins : residencia medieval, restaurada por Pouillon, bonito patio. Al entrar en el comedor, una extensa área longitudinal con grandes ventanales que dan sobre el río Sena. Fui llamada la atención por el contraste de las viejas piedras ocrées y el blanco-marfil de las flores, cuyos pétalos pulposos se recortaban sobre la piedra áspera. La belleza de este contraste fue acentuada por la luz que daban los candelabros.

En casa de Andrée e Yves Jaigu estuvieron también en el encuentro con el equipo de France-Culture : Nemo, Cazenave; y la oferta de Christian Jambet de transcribir la entrevista « Henry Corbin - Philippe Nemo », entrevista realizada por motivo de la muerte de Heidegger.

Del 26 de abril al 5 de mayo, estuvimos en estancia a Nyons ; este lugar nos encantaba porque teníamos la impresión de encontrarnos a veces en Irán. Por dos ocasiones, en el jardín de Santo Eutrope, vivimos un sueño floral entre los árboles de judeas floridos, de las lilas y los iris. Todos los matices del púrpura se mezclan  con el resplandor de las retamas y con el blanco de los espinos. Los encajes de Montmirail, el soplo del viento ejercen sobre nosotros el mismo atractivo. En un día soleado, el día de la Ascensión, nos aventuramos hacia las montañas por la carretera de los invernaderos. Atraídos por el lugar de Rémusat, tomamos un café sobre la plaza grande charlando con los jugadores de bolos. Bajo su consejo, proseguimos nuestra exploración por el estrecho valle del río de Oule hasta el Motte Chalançon. Cuestas áridas, tierra ocre, estriada de verdor. Masa imponente del Paso de la Escalera ante la cual Henry menciona la Escalera de Jacob y esta evocación bíblica acentúa el tamaño del lugar. Ya entrada la noche, comenzamos el regreso con un inmenso pesar  pero llenos de la visión de nuestras montañas que nos bañan con una luz estival. Algunos momentos tienen una densidad tal, que muchos años después, nos aparecen como portadores de un mensaje, de un símbolo.

El coloquio en la USJJ, fue quizá de la misma manera, un verdadero éxito. Bonita conferencia, en la cual Henry comienza por la visión del criado de Elisée: caballería y los tanques de fuego y que se terminan con estas palabras: “saber lo que sé es, que sé es, conocer el universo superior de dónde se viene, dónde de hallan nuestros orígenes, significa estar ya salvado” y es eso la gnosis… Haz venir a un jugador de arpa, dice el profeta. Y mientras que el harpiste tocaba, ahí tienes que la mano del Eterno se puso sobre Elisée” (II Reyes, 3/15). (Cómo no comparar esta frase con aquella pronunciada por Henry en un día pasado: “Si tú sabes como eso canta, eso mismo canta en mi cabeza “?). Entusiasmo de Yves Jaigu; primera conferencia de C. Jambet después de la cual Henry dirá a Gilbert Durand, que me lo recordó uno de estos días: ¿“Sería aquel un heredero espiritual? ”

Es antes del verano que Henry me cuenta dos sueños de los que había guardado una impresión de paz, de alegría. En un inmenso lugar se desarrolla una fiesta en honor a él. ¿Por qué para él? se pregunta, asombrado pero al mismo tiempo contento. El encuentra a muchos amigos de antaño y a otros menos viejos, otros muertos ya desde hace tiempo y a otros que se encuentran aún sobre esta tierra. Reencuentros sorprendentes, inesperados. El otro sueño: se celebran una bonita liturgia, música, recogimiento. Cuando Henry quiere irse, alguien lo retiene pero él responde: déjeme regresar para avisar a Stella que aquí se halla la verdadera Iglesia.

El cansancio aumenta; Henry se obliga con hastío a las defensas de tesis; él manifiesta una determinada febrilidad para reunir el expediente completo para el Cahier de l’Herne antes de salir a vacaciones: elección de las cartas, los inéditos, redacción de posdatas.

Es sin embargo, a principios de julio, que hacemos un viaje hacia Edimburgo, ya que Henry, decepcionado por su experiencia parisiense desea entrevistarse con “los escoceses”. Bonita recepción que removió en él fibras secretas, lo trastornó: “gran órgano, coro con más de 200 hombres. Encuentro el tiempo en Alemania como hace 40 años” (véase la agenda de 1978). Suntuosa cena. La tarde se termina en el castillo de Lord Eglin-Bruce (el hombre del Partenón). Llegamos a esta espléndida propiedad después de una caminata a través de la campaña aún iluminada por un sol estival que, como nosotros, no se cansaba de contemplar la tierra o al ángel de la tierra.

 

En la visita de Dory Nayrieri, acompañada de sus encantadoras hijas, yo fui repentinamente afectada por el tono tranquilo y seguro con el cual Henry rechazaba su invitación para septiembre a la Embajada de El Cairo: ¡“Yo sé que no iré a Egipto! …”. Pocos días después, a la vuelta de un paseo en el bosque de Montmorency, mientras que bordeábamos el recinto del viejo cementerio, Henry me expresa su deseo de tomar por fin “su tiempo” de escribir más libremente, de hacer más música y de no rodearse más que de pocos, pero verdaderos amigos.

Un médico le aconseja descanso total durante las vacaciones en el Jura, le prescribe medicamentos para la circulación y nos dá cita en septiembre si no hay una mejora sensible. Agobiado por todos estos medicamentos, Henry sueña con el olor de los abetos; después de muchas vacilaciones tomamos pues la carretera, el 10 de agosto alrededor de las 11de la mañana.

Desde este momento se instala en mi la inquietud, y en Henry un blando ruego. A pesar del descanso en el jardín, su estado se mejora apenas. Renunciamos a proseguir el viaje hacia Ascona, consultamos a un médico in situ, llamamos por teléfono al de París.

 

En una espléndida noche de luna llena, nos sentamos ambos sobre un banco del jardín ; él me dice con una voz grave y a la vez muy suave: “ yo sé que me ha alcanzado…. - no debería decírtelo-, pero tú méritas saberlo”.

La noche merodea en torno a nosotros, mientras que el cielo luminoso encierra nuestro amor. Médicos, teléfonazos a los amigos de Ascona, preparación del regreso, rodeados por la amabilidad de los Mollard; nos vamos el 29 y hacemos sin escala el trayecto Champagnole - París.

El médico pide una muestra para un análisis de sangre; pero al día siguiente en el momento de la cena, Henry constata que “ ya no siente su pierna derecha”. Llamo de nuevo al médico: trombosis femoral - llame al SAMU-Servicio de urgencia. Mientras que la ambulancia se dirige hacia Cochin, Henry me pide avisar a Richard Stauffer y a Pedro Bordessoule. Dolorosa espera del servicio de urgencias, luego transferencia al hospital  Pitié-Salpétrière donde la operación tiene lugar alrededor de las 2 de la mañana a pesar de la comprobación hecha del estado lamentable de los pulmones, lo que causa en Henry, a quien no se le escapa nada, esta pregunta al cirujano: “ A pesar de todo intenta Usted la operación?”

Espera solitaria en el largo pasillo del hospital y hacia las 4, percibo por fin una camilla sobre la cual adivino a Henry, más que verle.

Entonces se instala para el operado un período de espera, causa de una determinada nerviosidad que reduce a menudo la alegría de encontrar el uso de su pierna. La esperanza le vuelve de nuevo, entonces él me dice: ¿“Sabes por qué te había pedido avisar a Richard Stauffer? Quería pedirle pronunciar algunas palabras breves, vivas e indicarle los 3 pedazos de música que desearé en mi servicio fúnebre: Haendel, el Mesías, el 1er coro triunfal de la primera. parte: And the glory of the Lord shall be revealed and all flesh shall see it together, for the mouth of the Lord hath spoken it , Es. 40 5/6,  luego “veré a Dios” y Parsifal el encantamiento del Viernes Santo o el coro de la Santa Cena; y para terminar para la salida, un Bach”.

 

Se instala a un tercer enfermo, en estado de agonía, en el cuartito…, la atmósfera se vuelve intolerable. Yo me pregunto que hacer para obtener la transferencia de Henry al servicio sea de neumatología o al hospital universitario. Por fin el 13, a Henry le instalan en el 1er.  piso del pabellón de neumatología, en una gran habitación con vista sobre un jardín interior. Sólo, en una habitación bien ventilada, rodeado por todos, Henry se relaja. Su ánimo está siempre presente, su curiosidad siempre alerta, asombran a cada uno y me hacen enrojecer de mi abatimiento, así cuando avanzábamos en el túnel subterráneo que conectaba los antiguos edificios al pabellón de neumatología, Henry, aunque recostado en su camilla y cubierto bajo una manta, me señala los rastros de salitre y de vejez de este pasadizo.

Examinando los resultados de los exámenes médicos, de los escáner etc… Henry, entusiasmado por los avances técnicos, interroga al Doctor Gonnot: ¿“No creen que habríamos comprendido mejor el misterio de la humanidad, si solamente nos hubiéramos interesado con más atención a explorar a los pensadores de la China o de Persia?

Doctor Gonnot: Créame, un médico que reuniría en él estas dos direcciones de la ciencia, se volvería loco.

Otra vez Henry: « no volveré a ver el país de Irán donde la potencia de Ahriman estos días se desencadenan… La potencia del mal sobrepasa todo lo que podemos imaginar……. »

… « pero el templo esotérico interior de Israel se junta al templo de Buda »

… « 4 hombres de las Pompas fúnebres han venido a verme esta mañana. Querían imponerme la marcha fúnebre de Chopin cuando se realice el desfile de mi entierro. Les he dicho que llegado el momento, seré yo quien indique la música que yo deseare… que por otra parte todo esto ya te lo había indicado » Después….. la bendición de Richard Stauffer y la lectura del Salmo 27… “Este salmo es espléndido. Todo esta listo”.

… Una mañana encuentro a Henry ya instalado en su sillón, como impaciente de verme llegar e inmediatamente me platica sobre el tema del libro de Moody: «La vida después de la vida », me dice « yo ha vivido esta noche una experiencia similar. La muerte no es más que un paso. ¿ Esta noche he tenido la impresión que me hubiera bastado un momento - cómo decirte? - que habría bastado que hiciese un gesto, como por ejemplo, apoyar una toma eléctrica, para provocar que se accione el gatillo y cruzar el límite extremo. Pasar del otro lado - Yo sé ahora que iré allí - todo está listo para acogerme. Ellos me esperan »

S: ¿-Has visto a tu ángel de la guardia?

H: Eso habría significado que habría cruzado el límite máximo… ¿Por qué no lo he cruzado en ese momento?

S: ¿Quizá porque tenías aún algún mensaje que transmitirme?

Una sonrisa que viene de muy lejos ilumina la cara de Henry.

Luego más tarde: “Es una muerte quizá lenta la que debo vivir. ¿Me habría inclinado demasiado sobre este problema y debería vivir todas las etapas?

Una mañana muy temprano, hacia las 5 horas, mientras que iba a entrar algunos instantes a la habitación, arrodillada cerca de la cama, sobre mi cabello su mano tan ligera, como una última bendición.

El 26, el médico autoriza la vuelta a la calle Odéon. Henry lleno de alegría duerme apenas, proyecta terminar sus trabajos, luego pregunta un poco impaciente al médico :

H.: ¿Pero piensa qué yo podría terminar este libro?

El Dr. Gonnot: ¡Oh! Yo le conozco. Aunque usted tuviese aún 100 años de vida, usted me pondría la misma pregunta, Usted tendría otro libro urgente que terminar, y después otro y otro más.

H.: ¡“Quizá! es que gracias a mis libros yo lucho contra la misma cosa que ustedes. Cada uno a nuestra manera. Usted como médico, yo como historiador de religiones, juntos estamos en la misma lucha, luchamos contra la muerte.”

Transitorio bienestar en casa, visitas, flores en cantidad . Le propongo escuchar música: “Inútil, dice, si supieras como eso canta, eso mismo canta en mi cabeza”.

La noche del viernes 6, terrible sufrimiento, médico, morfina, - vuelta al hospital - mientras que los ambulancieros van installar Henry en la ambulancia, éste percibe Cioran en la acera, lo reconoce, él le sonríe. Nos sentimos muy estúpidos de estupor y de dolor. En la ambulancia, Henry me dice: « Tengo la impresión certera que es un ciclo de nuestra vida que se acaba… »

Más tarde, en el hospital: ¡Si supieras con qué alegría dejaré la servidumbre de este mundo! Swedenborg ha escrito que en el momento de l’exitus, dos ángeles acompañantes se posan en la cabecera de la cama, uno de cada lado, visibles a los ojos de fuego, invisibles a los ojos de la carne. Cuando tu oirás la llamada de la guardia vigilante,  alégrate de aquel que abre a los suyos su casa. Ya que entonces, el fin está cerca.

El 7 a las 4 de la mañana. …

« Haz venir a un jugador de arpa… » (II Reyes 3/15)

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